Entrevista a Sergi G. Oset

 

Os dejamos la entrevista de Juan Peregrina a Sergi G. Oset tras la publicación de su colección de relatos El último vuelo del Microraptor.

 

  • Acabas de publicar El último vuelo del Microraptor: en el prólogo que escribes hablas de la poderosa imagen de este dinosaurio que llegó a ti tras ver un documental: ¿puedes desarrollar esa hermosa imagen para quien no conozca tu libro?

Por supuesto: se supone que el Microraptor fue una de las últimas especies de dinosaurio en desaparecer, un eslabón de unión entre los grandes saurios del Cretácico y las aves que aparecerían posteriormente. El Microraptor o “pequeño rapaz” podía alcanzar el metro y medio de envergadura, disponía de cuatro extremidades y cola y estaba cubierto de plumas. No podía volar, tan solo planeaba. Sus singularidades me cautivaron: que un espécimen como aquél fuese capaz de sobrevivir en un entorno tan hostil en que todo se medía a lo grande, era comparable, por pura analogía, al espacio que el microrrelato ocupa en el mercado editorial ante la ventajosa (y no siempre merecida) posición de la novela. Creo que la cita que da inicio al libro condensa ese pensamiento:

«El Microraptor, una vez localizada la presa,

inició un descenso suave

planeando en espiral cuando, sin previo aviso,

desapareció engullido entre dos pesados volúmenes

de una tetralogía infame».

Car Neville, “Flying microraptor”, en la antología Crazy and sunk, Ed. Bad Lullabies, 1972.

 

  • Microrrelato, minificción, microcuento... ¿por qué es tan importante en tu opinión etiquetar todo hoy?

Por microrrelato entiendo la pieza que, independientemente de su extensión, tiene una trama, explica una historia o se concentra en parte de ella, valiéndose principalmente del uso de la elipse. El apartado de las microficciones o las minificciones es mucho más amplio, en él tienen cabida entre otras, la greguería, la sentencia, el aforismo, el epitafio, formas que no tienen por qué ser explícitamente narrativas. En el Microraptor el lector encontrará hiperbreves (microrrelatos muy condensados) y también muchas de esas microficciones. Quizá, entre todos, hayamos creado demasiadas etiquetas, es cierto. Etiquetas que puedan desorientar al lector que se acerca por primera vez al microrrelato. Siempre empiezo mis presentaciones y lecturas ofreciendo unas pocas pautas en ese sentido para que el receptor sepa cómo diferenciar, mínimamente, unos de otros. Como en una cata de vinos o de quesos no todo es lo mismo.

 

  • Se busca en estos textos "velocidad e impacto", dice David Roas en su excelente prólogo a tu libro y que eres un "habilísimo hacedor de micromundos": ¿puedes explicar la dificultad de que la esencia se ofrezca pura, casi sin adulterar, esto es, el microrrelato?

A diferencia de la novela el microrrelato permite generar, en cualquiera que sea su extensión, un sin fin de argumentos, situaciones, desenlaces, argumentaciones. El cambio de tramas y escenarios es constante, la libertad creativa es inmediata y la posibilidad de experimentación y exploración, infinita. Valoro, como una gran ventaja, la versatilidad que ofrece el microrrelato. Después está el trabajo de extirpar los elementos superfluos, reducir y condensar hasta conseguir captar esa esencia que comentabas. Y claro, no debes describir, sugieres, ofreces pistas o pinceladas para que el lector pueda completar un puzle en el que faltan una o dos piezas que debe encontrar para que todo encaje debidamente. En cierta manera es como el trabajo de un artesano destilador. ¿Leíste “Das parfüm” de Patrick Suskind? Pues ante el microrrelato me comporto como Grenouille, el protagonista (aunque soy menos terrorífico).

 

  • Ya sabes que hay lectores que dicen que los micros son ocurrencias, bromas, chistes... ideas que Lagmanovich destierra en su libro de teoría y defiende al micro como narrativo y de características particulares: ¿cómo tratar de que se acerquen los lectores?

Hay piezas maravillosas de microrrelato que son tremendamente jocosas, pero estoy de acuerdo en que el microrrelato también se ha convertido en un cajón desastre donde parece que todo tiene cabida. Ante la duda me remito a las palabras de Ana María Shua: «Si parece un chiste es un chiste, si parece un aforismo es un aforismo. Si uno no sabe bien lo que es, es una minificción». Respecto a la segunda pregunta, quitemos un poco de hierro al asunto. Lo maravilloso de la literatura es que te acercas a ella de forma voluntaria. Luego puede que tengas un cierto espíritu aventurero que te empuje a probar otras formas que no sean las más ortodoxas, eso ya depende de cada individuo. Es una cuestión de posicionamiento como lector. Hagamos bien nuestro trabajo y los resultados vendrán por si solos, no me veo como un postulante iluminado reclutando adeptos en nombre del microrrelato (aunque es una buena imagen para escribir un microrrelato).

 

  • ¿Quiénes son para ti los referentes del género? ¿Con qué literatura disfrutas más?

Ana María Shua, obviamente con Max Aub, también con los microrrelatos de Pere Calders o Joan Perucho, pero me gusta bucear y encontrar piezas perdidas como las short short stories de Fredrick Brown y disfruto descubriendo autores nuevos: me identifico mucho con el estilo del Microndo de Pedro Crenes Castro (Casa de Cartón). Pablo Martín Sánchez publicó en 2011 Fricciones (e.d.a. libros), un libro de microrrelatos y relatos indispensables. Como lector absorbo todo lo que me parece interesante. Mis gustos están condicionados por la literatura de género y autores como J. G. Ballard, Richard Matheson o Kurt Vonnegut. La última novela que de verdad me ha impactado ha sido La casa de las arenas movedizas de Carlton Mellick III (Orciny Press) y como libro de relatos Ahora intenta dormir de Emilio Bueso (Valdemar).

 

  • ¿Corriges mucho? ¿Hay musas en tu escritura o están defenestradas como en algún micro tuyo?

No presto demasiada atención a las musas. Quizá por eso me visitan con poca frecuencia. Puedo contar con los dedos de una mano las veces que he sentido una inspiración sublime cercana a un arrebato creativo. Creo en las ideas que nacen en el momento menos insospechado y en trabajarlas para moldear alguna cosa original. Escribo y vuelvo a escribir sobre esa idea inicial hasta que toma la forma adecuada. Puede convertirse en un método obsesivo pues conlleva realizar cambios constantes hasta obtener un resultado satisfactorio.

 

  • El catalán, el español... ¿no es un disfrute poder escribir y leer en dos lenguas más allá de políticas y provincianismos?

Siempre he detestado el término “provincianismo” y sus connotaciones y la política (o la mala política que veo por todas partes) me tiene bastante cabreado. En mi caso, poder utilizar dos lenguas es una ventaja y un reto. Disponer de más capacidades te hace más completo o, como mínimo, más abierto. Yo me veo como el personaje de un videojuego o de un juego de rol que tiene que entrenar sus habilidades para mejorar, ganar puntos de experiencia y así alcanzar un nuevo nivel. Esa sería mi visión del asunto.

 

  • En un relato, comparas al escritor con un topo que escribe a ciegas: no hay fórmula para el buen micro como para el buen poema o el cuento ¿estás de acuerdo?

Completamente. Personalmente funciono antes con disparadores emocionales o sensitivos que con disparadores creativos: una conversación, una mala (o buena) experiencia, recuerdos de canciones, películas o libros pueden llevarme al germen de una nueva historia. Luego viene el desarrollo, pero, seguramente, no escribiré nada sin, antes, no haber tenido claro cuál será su desenlace.

 

  • La ironía y los mitos despedazados están muy presentes en tus textos. ¿Consideras algo sagrado e intocable en la escritura?

El insulto. Nunca escribiré, conscientemente, nada con la finalidad de insultar. Puedo criticar, con mayor o menor acierto, con ironía, rabia o cinismo las cosas o conductas que me parecen más deleznables o por las que siento más aprecio, pero siempre intento respetar esa premisa. También intento saber reírme de mi mismo. Ya sabes, la soberbia siempre está al acecho y no es buena compañera.

 

  • El cine, las series, los videojuegos, el mundo del cómic, el terror y la fantasía, entre otras muchas cosas: ¿qué te gustaría tocar en tus siguientes obras que no hayas tocado ya?

Toda la cultura rock, underground y trash, Poe y Lovecraft seguirán estando ahí. No tengo dobleces en ese sentido, pero me gusta experimentar y no repetirme. Hasta ahora he disfrutado de la libertad de escribir (con rigor) sobre lo que me apetece y algunas veces he tenido la suerte de ver mi trabajo publicado por una editorial o de ver uno de mis libros en una librería. Es lo que necesita todo escritor.

 

  • ¿Qué música sueles escuchar, tú que tenías en la guitarra otro medio de expresión?

Mucho hard rock, punk rock, bandas actuales que recrean el rock de los setenta como The Hellacopters o Honeymoon Disease. Te desvelo un secreto: prueba a escuchar cualquier canción de una banda de Málaga llamada Devil’s Dandruff.

 

  • ¿Cuál es tu siguiente proyecto?

Editorial Hermenaute acaba de publicar un libro de relatos de género escrito a seis manos con dos autores amigos: Malsons de gat. Tengo firmad0 el contrato de un pequeño libro de microrrelatos y microficciones muy salvaje y desmelenado que espero que vea la luz en 2017. Ahora quiero centrarme en un conjunto de relatos largos en una onda más Pulp y siempre hay alguna cosa por hacer: participar en concursos, revistas, lecturas o presentaciones. Detenerse es morir.