Ángulos, por Mª Jesús Muñoz

 

Compartimos una interesante reseña que nos han hecho llegar sobre Ángulosde Consuelo de la Torre, elaborada por Mª Jesús Muñoz.

 

Nuestra amiga y profesora de matemáticas se lanza al universo poético con un pensamiento: “Quizá la poesía ayude a resolver la ecuación de la vida, ya que no lo hacen los números”.

De una forma original y genuina se sirve de la geometría que convierte en metáfora, para dibujarnos en la primera parte “interiores”, su mundo interior. La sencillez del triángulo le permite organizar la infancia en el espacio y el tiempo. A medida que crece en conocimiento y responsabilidad, aumentan los ángulos para dar lugar al cuadrado, rombo, hexágono etc…Pero el tiempo está ahí, difuminando ángulos y vivencias y creando el círculo de la costumbre, de la monotonía, mientras avanza, inexorablemente, en círculos espirales hacia adelante, sembrando olvido.

La autora hace gala de su lógica para enfrentarse a la apatía, a la desgana, al miedo y a los fantasmas, tratando de darles orden y equilibrio. Sabe que algo se le escapa y retorna con humildad y entrega a las aulas para aprender poesía. Abre con valentía el círculo y extiende con imaginación el puzle de las letras, profundizando en la duda, en el dolor, en la obsesión, que a veces se convierte en un fractal, que trata de calmar y gestionar.

Las vocales y consonantes emprenden una guerra por ser, tener su espacio entre las figuras geométricas, que siguen dando forma y marcando su vida. Llegan para renovar, fortalecer y crear nuevas perspectivas, que le permitan dar voz a sus sentimientos y enriquecer su espíritu. Se convierten en apoyo moral, viaje al infinito, silencio alentador, palabras y sonidos que ahuyentan los miedos.

En la segunda parte “exteriores” profundiza en las formas, en la quietud, tristeza y dejadez de los pueblos y sus gentes. Es la costumbre y monotonía del círculo, que debe abrirse con imaginación para dar vida.

La geometría y el orden se hacen palpables en el homenaje a su padre, donde recuerda con cariño y orgullo los distintos sombreros, que utiliza dando color a la vida y al tiempo: “salen del circulo cuadrado del recuerdo”.

El lápiz, herramienta fundamental en su profesión, le sirve para reflexionar sobre el dolor de la naturaleza ante la indiferencia del ser humano, que destruye todo a su paso. Le da voz y espíritu, reconociéndolo en las manos de sus hijos y acompañándole en su soledad.

Consuelo evoluciona de forma rápida descubriendo en las palabras el sentido de su búsqueda y espera. Abre su círculo para ser campo, trigo, piedra, árbol…El orden y los números siguen cerca, turnándose con las letras, ampliando su universo y multiplicando su generosidad, cuando nos dice: “habla de geometría/oye cómo suenan las esferas/pinta de verde el infinito/pasea por el plano/rompe el círculo…”

Su madurez y perspectiva literaria abre paso a las mil caras del triángulo, que puede ser “peligro, juego, mosaico, joya, Dios y hasta intimidad de la vecina”. Descubre un juego de amor entre polígonos y letras, que se esconde en “las palabras que callas, en el camino, en el vuelo del mirlo, en el quejido del aire, en tus manos…”

Y aparece el poliedro para mostrarnos a una mujer, que se columpia en la rama del árbol, se llena de pájaros y nunca está triste. La esfera pinta a la mujer que rueda, se impulsa ella misma, se siente libre, marca el cielo con los pies. La pirámide es espejo de la mujer erguida, que quema su vértice apoyada en la muleta de los años.

Se confiesa mujer con cuerpo sinusoide, entregada a la vida y conocedora de sus miedos y límites: le duelen las manos por agarrarse a las paredes, confiesa que las matemáticas mienten, que tiene que borrar sombras y lavar el día…Que es difícil levantarse, salir del escombro de la noche Que ha llegado el tiempo del recuerdo y el olvido, hace frío y el infinito se acerca.

¿Qué puedo decir como resumen de este singular libro de poesía…?

Que emprende la aventura del verso libre con prudencia y humildad, consciente de que abre “su círculo” para entrar en un universo más complejo, el de la poesía. Pero, confiada en que los números y la geometría están en todas partes y eso le ayudará a crear metáforas, juegos lingüísticos, contrastes e imágenes que den expresividad y colorido al sentimiento.

Que “El propio Dios geometriza” entre sus letras, porque consigue con inteligencia y sencillez una armonía interna, que proyecta ritmo y sabiduría, nos impulsa a la creatividad y nos lleva a tocar la música de las esferas.

Su entrega y sinceridad es una constante, que comienza por un sencillo triángulo y se va transformando en círculos triangulares, que se abren en perspectiva, dejando al desnudo su grandeza interna, que se multiplica en universos genuinos.

Su claridad y valentía le hace enfrentarse a sus límites, renovándose y reinventándose en sus versos, que la reconocen como maestra, creando vínculos de unión entre letras y ángulos.

 

Me uno a Consuelo en ese viaje infinito al universo y me apoyo en sus letras, que me han ratificado la belleza y la profundidad de las matemáticas, clave y misterio del sentido de la vida.

Mi enhorabuena y mi ánimo para seguir adelante, amiga y poeta.

Mi abrazo grande y mi cariño.

 

Mª Jesús Muñoz

poeta