Entrevista a Emilio Ballesteros

Os dejamos la entrevista de Juan Peregrina Martín a Emilio Ballesteros, tras la reciente publicación de su nueva novela titulada Rapsodia en negro y rojo.

  • Acabas de publicar Rapsodia en negro y rojo, una novela sobre la Generación del 27, la literatura y el mundo de los toros representado por Ignacio Sánchez Mejías, ¿de dónde parte la idea de escribir el libro?

De mi simpatía por la Generación del 27 y mi admiración por aquel grupo de poetas y escritores que suponen una de las cumbres de la literatura universal y, por supuesto, de la española.

  • En el libro tratas muchos temas variados: la vida y la muerte, el amor y el sexo, la guerra, el egoísmo… ¿los temas cambian a lo largo de la historia literaria o su tratamiento?

Lo que más cambia es su tratamiento; la esencia apenas si se altera pues pertenecen al alma del ser humano, sin importar el tiempo ni las ideas políticas o sociales que dominen. Esos temas son tan hondos y eternos, que puede decirse que son intemporales.

  • Uno de los personajes principales es Emilio, el camarero que pone voz con sus pensamientos a esas maravillosas tertulias que describes: ¿cómo pensaste este personaje?

Me lo inspiró mi padre. Él me contaba cómo en su juventud, cuando trabajaba de camarero en un bar de Bibrambla, escuchaba lo que hablaban Lorca y los intelectuales de su tiempo en la tertulia que hacían en el bar en que estaba trabajando. Eso me dio la idea de que fuera un camarero, amante de la literatura pero que puede mirar desde fuera el mundo de los escritores, el que contara lo que veía y escuchaba de aquellos autores con una obra tan especial, pero con una vidas llenas de luces y sombras.

  • Ignacio Sánchez Mejías —la otra voz narradora— y Lorca son también fundamentales en el libro. Cuéntanos cómo se te ocurrió que el torero podía ser el contrapunto como personaje y un poco sobre lo que te atrajo de esta relación entre el torero y el poeta.

Sánchez Mejías es un torero muy singular: lector apasionado, culto, aunque sus estudios no fueran superiores, pero con amplias lecturas e incluso algunos libros escritos en su haber, mecenas que impulsó y casi fue fundador de la Generación del 27 al impulsar las tertulias y el homenaje que organizó a Góngora en la Sevilla de 1927, amigo entrañable de Lorca hasta el punto de que su muerte da lugar a la impresionante elegía Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, y personaje que tiene la ventaja, para mí como autor, de estar en el mundillo intelectual sin ser uno de ellos, lo que le permite mirar con distancia e imparcialidad sus virtudes y sus vicios, sus brillos, pero también sus defectos. Todo ello con amor, pero con dureza cuando hace falta. Y con el valor, ante la vida y la muerte, propio de un torero. Lorca era el corazón de aquel mundo tan rico.

  • ¿Qué piensas de la polémica entre taurinos y antitaurinos?

Para ser consecuente hasta el final si se quiere estar contra el maltrato animal, se tendría que ser vegetariano, pues mucho más lamentable es el maltrato que se da, no solo en su muerte, sino peor todavía, en su vida, a los animales criados en jaulas y cajones en condiciones penosas para matarlos o para que nos den huevos. Y, todavía, más, si se quiere estar en contra del dolor causado sobre cualquier ser vivo, después de leer La vida secreta de las plantas y saber que los vegetales también sufren cuando se les corta o maltrata, no podríamos comer tampoco lechugas o zanahorias. ¿Tenemos entonces que morir de hambre? Y no solo de pan vive el hombre… Nuestras necesidades también incluyen aspectos simbólicos y artísticos que incluyen dolor y muerte. No se puede ser frívolo, entonces, ni superficial, juzgando algo en lo que está en vida algo demasiado profundo como para despacharlo con simplezas. Y tachar de inculto y bárbaro algo como la tauromaquia supone despreciar a gentes como Lorca, Miguel Hernández, Alberti, Picasso, Ortega y Gasset y un largo etcétera que la defienden. Yo puedo respetar a la gente que dice que le da lástima ver sufrir a un toro en la plaza y por eso no van a las corridas. Pero querer prohibir ese arte me parece un acto de barbarie e incomprensión torpe e inculto. Me sumo a las palabras de Lorca, que dijo del toreo que es “el único espectáculo vivo del mundo antiguo donde se encuentran todas las ausencias clásicas de los pueblos más antiguos del planeta”. Si alguna vez desapareciera creo que perderíamos algo muy valioso.

  • Cuentas en las páginas finales cómo te documentaste para escribir la novela: para quien no la tenga todavía, háblanos de esas lecturas.

La obra de la gran mayoría de los autores del 27 siempre estuvo entre mis favoritas así que eso ya era un primer bagaje. Para tener datos sobre los pensamientos y hechos que vivieron, consulté cientos de páginas en internet y en libros de historia sobre aquel tiempo y varias memorias, entre las que destacan las de Ruano, Gómez de la Serna, Neruda, Alberti, y un libro biográfico sobre Sánchez Mejías escrito por Andrés Amorós y Antonio Fernández Torres.

  • Has escrito poemas, novelas, teatro… ¿te consideras narrador, dramaturgo, poeta… o sencillamente escritor? ¿Algún género te tiene más encandilado que otro?

En cada momento disfruto el que estoy haciendo; y en general me considero escritor sí, y a menudo los géneros se me mezclan y enredan en una suerte de amor que los confunde y hace perder los límites. Pero soy de los que piensan que la poesía es un género superior hasta el punto de que cualquier otro género que se deje contaminar por ella, gana porque añade a sus palabras el misterio de lo poético; sin embargo, al contrario no funciona: si la poesía se contamina de prosaísmo, pierde todo su poder de sugerencia y se convierte en mala narrativa. Es preferible, en ese caso, hacer narrativa buena que mala poesía.

  • ¿Puedes hablar de tus influencias literarias? ¿Hay algún autor fundamental en tu formación?

En poesía me han marcado autores como S. Juan de la Cruz, Rûmi, Bécquer, Miguel Hernández, Lorca, Neruda, Quevedo, César Vallejo o Walt Witman. En teatro Ibsen, Shakespeare, Pirandello o Goethe. En narrativa Allan Poe, Cervantes o José Luis Sampedro

  • ¿Qué libros estás leyendo ahora?

Viaje a la aldea del crimen, de Ramón J. Sender; El equipaje del vacío, de Mohamed Ahmed Bennis y La desfachatez intelectual, de Ignacio Sánchez-Cuenca.

  • ¿Qué destacarías de Rapsodia en negro y rojo? ¿Por qué va a disfrutar el lector con esta gran novela?

En ella se mezclan humor y drama, oralidad y literatura, las dos voces narradoras miran a los autores de la generación del 27 con amor, pero con imparcialidad y viendo también los defectos, se enfrentan a los hechos y la ebullición de un tiempo complicado con pasión, pero con distanciamiento y con objetividad, y muestran una mirada al mundo de la tauromaquia que puede ayudar a entender un mundo tan complejo y hondo como ese y acerca al alma española, tan compleja y peculiar, con simpatía, pero sin ceguera. Su lectura puede proporcionar risa, dolor y, sobre todo, preguntas.

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