Entrevista a José Luis Gärtner

Os dejamos la entrevista de Juan Peregrina a José Luis Gärtner, que nos habla, entre otras muchas cosas, de La corriente de Groenlandia.

  • Querido Gärt, eres dramaturgo, novelista, poeta y cuentista… ¿qué te queda por hacer con esas manitas y cerebrito que Dios te ha dado?

Me faltaba lo de tener un rendez-vous con Marion Cotillard. Pero eso ya está superado.

Lo de dramaturgo suena demasiado solemne y yo puedo ser muchas cosas menos protocolario. El cerebro es algo que tiene todo el mundo, ahora bien, aunque sea un lugar común, es evidente que lo que no se usa se atrofia. ¿A usted nunca se le ha atrofiado ningún miembro?

  • ¿Por qué te animaste a publicar La corriente de Groenlandia, un libro de cuentos y microrrelatos donde la locura, las obsesiones, la hermosura, los mitos, el humor, las reivindicaciones sobre la libertad… y tantos otros intereses se entremezclan?

No me animé; estaba tan desanimado que me tiré por la ventana. Pero resulta que vivo en un primero y necesité varios saltos para hacerme daño. Una vez provocado el daño, pensé en el dolor que puede suponer lo de escribir literatura, porque escribir, lo que se dice escribir, se escribe mucho y muy seguido, pero la literatura es otra cosa (otra cosa que acabará siendo severamente sancionada, prohibida y proscrita) que no se circunscribe al simple juego de contar historias a modo de guion cinematográfico.

  • En las páginas de este libro encontramos mucho humor: ¿es fundamental para escribir cierta dosis de ironía, de sarcasmo…? ¿Sirve de algo reírse de sí mismo?

El payaso se ríe de sí mismo. El bufón hace mofa, befa y escarnio del que manda. La literatura parece hacer ambas cosas, pero en realidad se trata de una cubierta, una tapadera, una cáscara bajo la cual se ocultan laberintos de mensajes cifrados que algunos lectores interpretarán (cada uno a su libre albedrío), momento en el cual dejarán de reírse y comprenderán que la coyuntura no está para jolgorios. Aunque Hitler, Pol Pot y Stalin nos parecieran unos pobres payasos, tuvieron la rara habilidad de provocar la muerte de muchos millones de seres humanos. Eso no tiene mucha gracia, digo yo.

  • Mucha gente se plantea la existencia de la Patafísica sin saber lo que es: confío en que siendo un patafísico, tampoco lo sepas ni quieras explicarlo…

La Patafísica es la única ciencia que no necesita ser demostrada para existir. Es la ciencia de las soluciones imaginarias. Lo dijo Alfred Jarry y, si lo dijo el padre de la literatura y buena parte de las artes contemporáneas, es que es verdad. Una ciencia que regula las excepciones es indiscutible porque no puede ser discutida. Además, yo evito en lo posible la discusión porque es una pérdida de energía, tiempo y talento. Los que debaten en los programas de contertulios, nunca convencen al contrario. Entonces; ¿a santo de qué discutir tan acaloradamente? Yo me fui una vez de viaje por la Mancha y no discutí con nadie a pesar de que en cada pueblo que recalaba, se afirmaba que era el lugar exacto del nacimiento de Alonso Quijano. A lo mejor es que don Quijote era de Bilbao, y como los de Bilbao nacen donde les da la gana…

  • “…el universo es finito pero la estupidez humana es infinita…” esto lo escribes en un relato tuyo… ¿tan terriblemente torpes somos a veces?

Quede claro que el aforismo es de Albert Einstein, algo retocado por la insigne mano de T.H. Agapito e interpretado por un servidor. Lo de torpes, no lo sé. Igual es que soy demasiado torpe para saberlo. En cuanto a la estupidez, a las pruebas me remito. Hay gente que es conservadora y gente que se considera progresista. Luego están los que han estudiado Historia. Y si sacaron buena nota en una asignatura tan prolija, deberían tener muy superado lo de ser de derechas o de izquierdas.

  • ¿Qué lugar ocupan elementos como el poder, el amor y la seducción en tus relatos?

a) Las relaciones de poder organizan el universo. Todo, absolutamente todo, se basa en una relación de atracción y dominio. Cualquier relato que se precie, está impregnado en el conflicto entre poder y rebelión que estructura la Historia y la Prehistoria. Luego está la función del teatro como mecanismo de ridiculización del poder. Desde el principio de los tiempos, cuando el brujo de la tribu se dedicaba a fingir sus hechizos, había un tipo extravagante en un rincón apartado que hacía reír a los descreídos, parodiando al brujo.

b) La exploración de un sentimiento tan inexplicable como el amor tiene posibilidades infinitas. El afecto es una necesidad de muchos seres vivos que está muy por encima de todas las convenciones sociales (léase el poema de Bukowski La crisis II). Y todas las necesidades básicas (alimento, excretación, sexualidad y amor), cuando son satisfechas, te dejan la piel muy bonita, una sonrisa de oreja a oreja, y un carácter jovial y asertivo. Ahora se entiende ese rictus tan desagradable de Rouco Varela. ¿O no?

c) En cuanto a la seducción, tengo la teoría de que el macho de este primate advenedizo (mal llamado sapiens) está equivocado. Es la hembra la que seduce al macho. La mujer abre la primera puerta para que el hombre se atreva a franquearla. Luego llega una avejentada convención que es el cortejo, en el que la mujer, si está interesada en aparearse con el hombre, fingirá no estarlo. Eso animará al homínido macho a desplegar todo su armamento. Vendrán los cumplidos (a veces por ambas partes) destinados a reforzar la vanidad del otro. Todo eso se monta porque una sociedad castradora impone adjetivos peyorativos a las hembras, en el hipotético caso de que éstas tomaran las riendas del asunto y expresan su deseo.

Ahora bien; no todo es negativo. Gracias a la imposición social de estos rituales, se establecieron las conversaciones galantes, la poesía, la literatura, la danza, la música, aparte de los gimnasios, los psicólogos, los cursos de técnicas de seducción, el lexatín, la viagra y otros negocios por el estilo.

  • La imaginación es… Expláyate o guarda silencio, lo que quieras.

Nuestra tabla de salvación ante la consciencia de que, en esta vida, solo tenemos asegurado el sufrimiento y la muerte. Gracias a nuestra capacidad para fabular, no estamos obligados a vivir constantemente en un valle de lágrimas. Se pueden hacer muchas más cosas para alegrarse el instante, pero no todas están al alcance de la mayoría. Ahora bien, no tengo más remedio que añadir que la era de la pantallescencia trabaja denodadamente en contra de la imaginación. He dicho.

  • “Yo quería asomar los ojos en el reverso de las cosas, a la vuelta de todas las esquinas, al otro lado del horizonte.” ¿Esta sería una definición del escritor, del artista, del curioso?

Italo Calvino (ilustre patafísico) nos dio las claves de la esencia literaria en sus escritos. Lo evidente, esto es, el argumento, no significa nada en la literatura. Lo más importante es lo que el lector deduce de lo que está leyendo, esto es, el reverso del reverso. Ionesco (otro patafísico) dijo: «Solo valen las palabras, y lo demás es pura charlatanería». No sé si usted me capta. En caso contrario, da lo mismo.

  • ¿Sueñas con ovejas de cartón, deseas vírgenes de coral? ¿Hay una posible estructura onírica o deseante en la cabeza de alguien como tú, José Luis, que a la belleza escrita le rindes pleitesía y desmoronas las expectativas del lector gracias a la fantasía?

Yo sueño despierto, y si le hablo de mis sueños podría ser investigado (antes imputado) por tenencia ilícita de alma. Eso sí, tengo un enorme respeto por la inteligencia del lector. De hecho, nunca la he menospreciado, que es algo muy común en lo que se suele publicar.

  • ¿La memoria es una aliada o hay que amasar el recuerdo hasta que parezca el pan que queremos degustar y que deguste el público?

La vivencia está para alterarla, para hacer que signifique algo emocionalmente importante. La memoria es una receta con la cual se cocina una exquisitez cuya digestión debería ser larga y sosegada. Leer es un placer, y es un verdadero privilegio que seamos capaces de degustar los placeres del intelecto. Quien no lee por placer, está condenado a vivir una sola realidad. Y eso es algo que, aunque muy triste, sucede bastante a menudo.

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