Entrevista a Josefina Martos Peregrín

Os dejamos la entrevista de Juan Peregrina MartínJosefina Martos Peregrín, poeta y escritora de Nocturnos, que nos habla de sus trabajos y sus proyectos futuros.

  • Querida Josefina, tu libro se titula Nocturnos: ¿cuánto de noche y personajes nocherniegos va a encontrar los lectores en este volumen de cuentos?

Decididamente, la mayoría de los personajes caen del lado de la sombra; también se mueven a la luz del día, pero su faceta más interesante despierta en la noche. Aunque, cuidado, no me refiero a jaranas ni a trasnoches verbeneros sino al silencio nocturno y a los ruidos cotidianos que lo pueblan, a esos seres solo importantes para quien los observa con atención. El niño que llora, la prostituta que vuelve a casa, la vieja que rebusca en la basura, la niña que se esconde, el escorpión en celo.

  • En la contraportada das algunas pistas para seguir tus cuentos: hablas de soledad y melancolía. ¿Es una metáfora cada cuento de tu labor personal como escritora: sois seres solitarios y melancólicos los que os dedicáis a la invención literaria?

Cierto que para escribir se precisa soledad, cosa que no te convierte en un ser solitario; al menos, no más solitario que el resto de los mortales, pero sí ha de convertirte en una persona fuerte, capaz de seguir un camino “literario”, te lleve adonde te lleve. Tampoco creo que lo escritores suframos más de melancolía, pero sí la sufrimos de una manera propia, específica de quien se propone comunicar lo que ve, vive, piensa, siente, en la forma y modo que considera mejor, en frecuente lucha consigo mismo, en constante formación, rabiosa autocrítica y continua duda.

  • También comentas que el amor, la transformación y la muerte son elementos presentes en nuestra existencia cotidiana, así como la magia y el conocimiento: ¿sabemos ver a nuestro alrededor todo lo que nombras o estamos despistados con posmodernidades absurdas?

Es tan fácil despistarse… A veces necesitamos engañarnos para descansar, coger fuerzas, olvidar lo que nos duele… Pero después hay que volver a plantar cara a la vida, con todas sus dualidades, su armonía entre contrarios, sus contrastes incomprensibles. Risa y llanto, nacimiento y muerte, flores y podredumbre: hay que tomarlo todo, no es posible quedarse con una sola cara de la moneda. De ese continuo baile de opuestos surge el misterio y cuando aceptamos el misterio, la magia entra en nuestra vida.

  • Hay una preocupación por lo social en tu libro: el hambre, la guerra, los marginados… ¿es una tónica habitual en tus cuentos?

Sí, los desfavorecidos, los marginados, están presentes siempre: en la calle, en mis cuentos, en mi vida. Me importan porque no los siento lejanos, yo podría estar en su lugar. No están hechos de otra pasta, son como yo. Es tan fácil perder… Detesto la adoración social al ganador. Ese modelo tan americano que divide el mundo en ganadores y perdedores, pretendiendo a la vez convencernos de que podemos conseguir cuanto queramos, de que vale la pena pasarse la vida luchando para ganar un premio socialmente reconocido. En la vida hay que luchar, sí, es inevitable; yo también intento llevar mis riendas, pero soy consciente de que numerosas veces me he salvado de caer en un pozo no por mis méritos sino por puro milagro, suerte, azar, destino…

  • Hay personajes que desvarían, otros que parecen poseer una extraña sabiduría, los ambientes son oscuros… ¿te sientes cómoda en una oscuridad parcial que aclare tu escritura?

Internarse en la sombra ayuda a comprender no solo la oscuridad sino también la luz. En este sentido —y en otros muchos— escribir ilumina; principalmente me proporciona conocimiento sobre mí misma. Y conocerse ayuda a conocer a los otros, es la mejor llave para entrar en la psique ajena. La penumbra favorece la introspección.

  • Los gatos y Poe, algunos guiños a Lovecraft… ¿qué referentes literarios posees y podemos descubrir en estos relatos? ¿Cuáles son tus escritores españoles, de nuestra tradición?

¿Cómo prescindir de Poe si se escriben relatos? Fue un compañero constante de mi infancia y adolescencia. En cambio, no soy consciente de la influencia de Lovecraft, aunque lo leyera con fruición, ya algo más mayor, a partir de los veinte años. También me atiborré desde muy joven de Shakespeare y Dickens, de Flaubert, Maupassant y Kafka. De los compatriotas (por aquello de “la lengua es la única patria del escritor”) me he nutrido principalmente de Cervantes, Borges y Cortázar, sin olvidar figuras no tan gigantescas pero sí dignas de atención, como Horacio Quiroga o Gabriel Miró. Y la novela picaresca, la mitología griega y romana, las leyendas, cuentos populares y Las mil y una noches. Naturalmente, admiro y frecuento a otros muchos autores, pero lo que marca, lo que moldea es aquello que se lee con pocos años, cuando la cera es blanda y virgen. Y añado algo quizás infrecuente o no suficientemente dicho: los poetas influyen en mi prosa tanto como los narradores. Imprescindibles, en mi formación como escritora, Jorge Manrique, fray Luis de León, san Juan de la Cruz, Bécquer, Celaya, Cernuda

  • La infancia, los recuerdos, la alegría… contrasta con la madurez de algunos personajes, la gravedad de la vejez… ¿es importante narrativamente saber describir los cambios que sufrimos a lo largo de cada etapa de la vida… eso lo da la experiencia literaria, los años de trabajo constante?

Sí, a escribir se aprende fundamentalmente escribiendo y leyendo. Hora tras hora y día tras día, como se ejercita una nadadora, una gimnasta, cualquier atleta. Con la dificultad añadida de que todo el mundo entiende el entrenamiento físico pero casi nadie entiende la necesidad del entrenamiento artístico, porque… ¿Y la inspiración? ¿Y las Musas? Pues no, no, ni Mireia Belmonte cruza la piscina olímpica empujada por las Musas ni yo escribiré una novela en un rapto de inspiración.

  • Pederastia, BDSM, relaciones tortuosas, rencores… los temas graves son marca de tu narrativa. ¿Piensas que podemos cambiar algo escribiendo, leyendo…?

¡Ay, no me asustes a los lectores! De acuerdo, los temas son graves, pero el ambiente, el aire en que se mueven los personajes, presenta colorido y música. Quiero decir, también hay goce e identificación con la naturaleza, el paisaje, árboles, animales. Hay vida. Por otra parte, a menudo introduzco toques de humor, a pesar del dramatismo general. Y, lo más importante, trato a mis personajes con amor, incluso a “los malos”, a los despreciables. No, no creo que lo que escribo pueda cambiar el mundo, pero sí puede ayudar a comprenderlo mejor, a entender y respetar. Por ejemplo, algunos lectores me han dicho que después de leer el cuento “Vieja urraca” han comenzado a entender a esas personas, a pensar que merecen más respeto del que se les concede. ¿Cambio? No. ¿Intriga, pasión, reflexión, deleite, crítica y respeto? Sí.

  • La revisión de cuentos y mitos forma parte de los entresijos narrativos del libro: contar lo que nos cuentan, repetir historias de otros tiempos… fabular en una palabra, invención pura y dura… ¿los recursos de una escritora como tú dependen totalmente de la imaginación?

No, no solo imaginación. También observación y sentimiento de cuanto me rodea. Contemplación, en sentido casi religioso. Y racionalidad y técnica para expresar lo que quiero expresar, conquistar la verosimilitud y evitar que el relato se me vaya de las manos.

  • «Danza de escorpiones» es uno de los cuentos más bellos y de más calado literario y humano en mi opinión. ¿Nos puedes contar en qué te inspiraste o qué referencias seguiste?

Nació en la Caldera de Níjar, con un escorpión que me miraba entre las cenizas volcánicas. Fue creciendo en los paisajes minerales y hostiles del interior del Cabo de Gata; caminando bajo el sol, imaginé un amor duro y hondo, un sexo apasionado y doliente, en consonancia con las laderas secas, con las minas abandonadas. Un sexo que floreciera cuando nada florece, en lo más tórrido del verano. Y comencé a recordar cada uno de mis encuentros con escorpiones, desde niña. Y a leer sobre ellos, principalmente en fuentes antiguas, Aristóteles, Claudio Eliano. Y de pronto descubrí dentro de mí a un hombre sádico y una mujer masoquista que, de una extraña manera, se aman. No es que me transforme en cada uno de mis personajes, es que ya están dentro. Creo que la única manera de no volverme loca es parirlos, que cobren vida propia y se den a conocer a otras gentes.

Muchas gracias, Josefina, por tu tiempo y tus respuestas.

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