Entrevista a Miguel Ángel Malo

Os dejamos la entrevista que le acaba de hacer Juan Peregrina Martín a Miguel Ángel Malo con motivo de la inminente presentación de su libro, Los trigos tan azules.

  • Eres profesor de Economía y te dedicas a la enseñanza de tu materia: ¿cómo empiezas a dedicarte a la literatura? ¿No se siente desde fuera que las letras y los números son temas aparentemente separados?

Me atrajo la literatura antes de estudiar economía. De hecho, gané dos premios literarios juveniles (uno en mi instituto y otro en Sigüenza) antes de comenzar mis estudios universitarios. Y siendo estudiante un año gané simultáneamente el premio de cuentos y el de poesía de la delegación de alumnos de mi facultad.

Aunque hubo un tiempo en que viví de una manera conflictiva mi estancia en el “mundo de las letras” y en el de “los números”, acabé sintiendo que literatura y economía colmaban dos tipos de deseos en mí. Luego, cuando hice el doctorado y me hice investigador, pronto vi que buena parte del análisis académico tiene que ver con la retórica y que la forma de los razonamientos tiene mucho de saber expresarlos. En definitiva, que no son mundos tan distantes. Pensemos que incluso en física, cuando se quiere expresar un concepto difícil se recurre a metáforas cargadas de significado como “big bang” o “agujero negro”.

  • Acabas de publicar Los trigos tan azules, tu primera obra de ficción, un libro de cuentos después de algunas experiencias primeras con premios juveniles y locales de narrativa: ¿qué ha supuesto para ti publicar esta obra?

Para mí, esta publicación supone ofrecer historias que considero relevantes, con significado. Es lo que siempre había intentado desde el primer momento que me senté en serio a escribir un relato, con diecisiete años. Sin embargo, la mayor parte del tiempo concebía los cuentos de manera aislada, sin tener la producción de un libro en mi cabeza. En este sentido, el libro es más que una mera compilación. Son cuentos que, siendo historias diferentes, respiran un aire semejante y tienen una estructura temporal, que es el transcurso de la vida. Por cierto, esto es algo que une mi investigación socioeconómica y mi actividad literaria: la vida como transcurso, la importancia del paso del tiempo y de los acontecimientos que suceden en ciertas épocas de la vida y no en otras.

  • Escribes cuentos y microrrelatos: ¿dónde está la diferencia al ponerte a escribir: en el tema, una forma predeterminada…?

Es cierto que en algunas de las historias de Los trigos tan azules he buscado la síntesis máxima, como en el cuento Callejones o en el que abre el libro, Familia. Esa vocación de síntesis es lógico que busca una brevedad extrema, pero no por el reto de conseguir la historia más breve del mundo, sino porque es un medio tanto de ganar intensidad (por ejemplo, en Callejones) como de abrir puertas a los significados múltiples que puede aportar el lector (por ejemplo, en Familia).

Ahora bien, cuando escribo no me planteo la diferencia entre cuentos y microrrelatos. Sé que quiero escribir cuentos. Desde siempre. Lo que intento es dar a cada historia la longitud que necesita. A veces, eso significa añadir otra escena o un párrafo más; otras veces, tachar, borrar, hasta el límite.

  • ¿Cuáles son las preocupaciones que puede encontrar un lector de Los trigos tan azules?

Las emociones de las personas y sus relaciones son los componentes básicos de Los trigos tan azules. Son cuentos de emociones y, por tanto, de personajes. Los conflictos son distintos en diferentes fases de la vida. En la infancia, los niños no tienen una mirada perfilada y construida como la de los adultos. Por eso, muchas veces son espejos fieles del mundo de los adultos, aunque también pueden ser reflejos distorsionados de las actitudes adultas. Los jóvenes son futuro y ambición, pero también incertidumbre y confusión. En la madurez los planes que pudieron ser pueden quedar ahí como un futuro nunca realizado. Finalmente, la vejez puede estar asociada a la muerte, pero también a la progresiva ausencia de uno mismo, que es una forma terrible de seguir vivo (como en Deshabitado el mundo del lujo de las horas).

  • En el libro se nota un acercamiento a los demás, ya sea por cuestiones prácticas como el dinero o la enfermedad o sentimentales como la relación en pareja, sus altibajos y problemáticas… ¿Piensas en la literatura o en el lector como medios para comunicarte con el mundo que te rodea?

Sí, definitivamente. La literatura es forma y, a la vez, esa forma se perfecciona en la transmisión de un mensaje a través de una historia. Sin un mensaje que transmitir, ¿para qué el preciosismo formal? La literatura es comunicación entre seres humanos. Hablemos, pues, de lo que nos interesa a los seres humanos. A mí me interesan mucho cómo las personas sienten sus relaciones con los demás, las expectativas ante el futuro, la forma en que construyen o destruyen sus vidas. Me parece que también hay muchas personas interesadas en leer historias de ese tipo.

  • La infancia y la juventud suponen un par de elementos interesantes en la narrativa del libro ¿melancolía, ajustes con el pasado o el recuerdo como vivencia nueva?

La infancia y la juventud son momentos en que lo que se vive tiene más color, más fuerza, más intensidad. Hay explicaciones biológicas para ello. En todo caso, ambas etapas conforman los cimientos de lo que somos y, por tanto, de nuestras relaciones con los demás. En Mi padre y el hombre del saco intenté rescatar un trozo de mi pasado de niño con buenos recuerdos de lo que fue mi padre para mí. Sin embargo, como actitud personal, intento no adoptar una mirada melancólica hacia la infancia ni hacia la juventud, aunque mis personajes no son como yo y, tal vez, ellos sí que tengan ese tipo de mirada en ocasiones. Mucha gente se pasa su madurez y vejez añorando la primera parte de la vida y eso queda reflejado en algún momento en ciertos personajes.

  • También la violencia, el sexo, las pasiones y la muerte están muy presentes en algunos cuentos: ¿qué nos mueve y nos detiene, por qué gozamos o sufrimos, en tu opinión?

Todos buscamos la felicidad. Esa es la fuerza primaria que nos mueve: preferimos estar bien a estar mal. Pero tanteamos, nos perdemos, nos perjudicamos a nosotros mismos y a los demás. La búsqueda de la felicidad propia también hace infelices a otros si se busca contra viento y marea. Y hay quien tiene que romper con todo y atravesar periodos duros y difíciles para alcanzar una situación mejor. En definitiva, intentar encontrar la felicidad no siempre genera felicidad.

  • ¿Qué escritores destacarías en tu experiencia personal lectora? ¿Y cuáles recomendarías?

Como es lógico, en mi altar particular hay bastantes cuentistas. El primero que desató en mí la pasión por el cuento fue Ignacio Aldecoa y a él vuelvo de vez en cuando, sobre a El corazón y otros frutos amargos. El siguiente fue Raymond Carver. Leí su libro Catedral con menos de veinte años y me deslumbró. Más adelante, Alice Munro me enseñó la delicadeza al tratar las historias de la gente normal. Tampoco puedo olvidarme de Eloy Tizón y su cuento Velocidad de los jardines, maravilloso y cargado de emociones; ni de Horacio Quiroga y sus Cuentos de amor, de locura y de muerte.

  • ¿Cómo ves el panorama cultural en España? ¿Cuál es tu punto de vista como experto en economía de los últimos movimientos sociales, 15M, mareas… que han canalizado —algunos— en partidos como Podemos?

Soy un mero observador del panorama cultural español. Desde ese punto de vista, lo veo muy golpeado por la crisis, sobre todo el mundo editorial. También detecto mucho desconcierto y falta de estrategias ante el cambio tecnológico que ha ampliado y transformado los soportes de lectura y el acceso a todo tipo de contenidos.

En cuanto a temas, me parece que hay un renovado interés por los problemas sociales y por reflejar lo sucedido durante los años de crisis.

Como economista, he vivido muy de cerca los problemas de los últimos años, participando en algunos de los debates más candentes, como en los de las reformas laborales, con artículos en medios académicos, pero también con diferentes artículos en prensa e intervenciones en radio. También he participado en grandes estudios sobre el impacto de la crisis y las políticas contra la misma durante el tiempo que fui economista senior en la Organización Internacional del Trabajo en Ginebra.

A mi juicio, los movimientos sociales y el 15-M, junto con nuevos partidos como Podemos, han buscado articular la búsqueda de respuestas por parte de la sociedad. Se ha destacado el papel de los jóvenes, pero también al truncamiento de la carrera laboral y de expectativas que ha sufrido la generación que tenía alrededor de 30 años al llegar el primer golpe de la crisis. Esas personas estaban en un momento clave de estabilización en sus vidas y en sus carreras laborales y vieron cómo se frustraba ese proceso. Esa generación incluso vio cómo su tasa de empleo retrocedía a esas edades, algo sin precedentes. A mi juicio, ellos han tenido y tienen un papel muy importante en esos movimientos sociales y políticos de respuesta a la crisis.

  • Nos gustaría que nos propusieras una o dos lecturas que para ti en un momento dado fueron vitales.

La primera sería Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, que leí en los tiempos en que vivía de manera conflictiva mi amor por la literatura y mis estudios de economía. Sábato era para mí alguien que había combinado de forma sabia y fructífera la literatura con una profesión académica.

La segunda sería el libro de cuentos El hombre ilustrado, de Ray Bradbury, porque se lo regalé a mi padre por su 57 cumpleaños, porque yo quería leerlo. Los hijos somos así de egoístas en la búsqueda de nuestra propia felicidad.

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