‘Rapsodia en negro y rojo’, por Ángela Reyes

Compartimos la interesante reseña sobre Rapsodia en negro y rojode Emilio Ballesteros, que ha escrito Ángela Reyes.

Emilio Ballesteros (Albolote, Granada) lleva toda una vida dedicado a la literatura, trabajando casi todos sus géneros, puesto que además de poeta es también novelista, dramaturgo, ensayista, crítico literario. A esto hemos de añadir que es director de Alhucema, una muy buena revista literaria y de las pocas que hoy día se siguen editando en papel. Los dos números que publica al año son una ventana abierta para aquellos escritores que a ella se asoman para dejar sus poemas, cuentos, comentarios literarios y ello gracias a la mano siempre generosa de su director. Recientemente, Emilio Ballesteros, ha publicado la novela Rapsodia en negro y rojo donde nos ilustra sobre la rica y fascinante vida de las tertulias que a principios del siglo XX se desarrollaron en los cafés de muchas provincias españolas. Además de los diversos e interesantes temas que aborda esta novela, el acierto de ella está en que la historia se narra a dos voces y, por lo tanto, bajo dos puntos de vista, dos gracejos, dos personalidades tan dispares como lo fueron el camarero anónimo que pudo haber servido los cafés a los tertulianos y el torero Ignacio Sánchez Mejías, considerado como uno más de la Generación del 27. El camarero habla desde el asombro y la admiración que le producían las disquisiciones, los comentarios e intercambios de noticias que iban surgiendo de hombres tan ilustres como fueron Federico García Lorca, Miguel de Unamuno, César González Ruano, Mariano de Cavia, Ramón Gómez de la Serna, Blas de Otero, Alejandro Casona, Rafael Alberti y un largo etcétera de nombres, todos ellos “carne de tertulia” de aquellos años.

En cambio, el maestro Ignacio Sánchez Mejías se manifiesta cauteloso, reflexivo y hasta temeroso de los juicios que, junto a una taza de café, se iban devanando y que tocaban el revuelto y difícil mundo que por los años veinte y treinta se vivió en España y que nada bueno presagiaba.

Poco a poco, y siempre a dos voces, Emilio Ballesteros con una pluma fácil y amena va creando el ambiente cordial y otras veces discrepante de aquellas tertulias solo de hombres, cerrado incluso a las intelectuales femeninas; cafés con su atmósfera cargada de humo, su olor a “carajillo” y el limpia botas a la puerta atento a la llamada. También, Ballesteros, en Rapsodia en negro y rojo deja bien claro el importante papel que jugaron estas reuniones masculinas ya que, mucho más que simples citas en cafeterías, parecían aulas de universidad donde poetas, narradores, columnistas de periódicos, profesores, maestros del cante jondo, guitarristas, pensadores, impartían sabrosas charlas que abarcaban desde la literatura a la política, pasando por el arte, la filosofía, la religión, sin olvidar los chismes de la alta sociedad de la época.

Tras la lectura de esta nueva novela del granadino se puede apreciar la peregrinación que llevaron a cabo los miembros de la nuestra Generación del 27 por algunos cafés, cuyos nombres han quedado para la historia como lo fue el Bibrambla de Granada (muchos años antes llamado Cafetín el Gato y hoy día conocido como Bib-Rambla) o los madrileños Comercial, Platerías, Lyón, Pombo, Gijón y otros, alguno de ellos ya desaparecidos. Sus asientos de terciopelo gastado y sus mesitas veladores de mármol jaspeado fueron testigos, por ejemplo, de la vibrante lectura que hizo Federico García Lorca de su poemario Poeta en Nueva York.

El libro de Ballesteros es rico por los muy variados temas que aborda, pues en las tertulias no solo se limitaban a discutir sobre los nuevos estilos poéticos que por aquellos años estaban llegando a España, sino que también había espacio para hablar de tauromaquia, del cante jondo o discutir sobre monarquía y república, tema aún vigente.

Como se ve, esta novela tiene mucho de fabulación pero también mucho realismo mediante la investigación que su autor ha llevado a cabo en hemerotecas, consultas de cuantas cartas dejaron escritas los famosos tertulianos, y libros publicados. Quiere ello decir que Rapsodia en negro y rojo es una obra bien documentada, nacida con la idea de recordarnos a algunos y dar a conocer a los jóvenes aquella forma de vida intelectual compartida, la manera de comunicarse entre sí y hasta de hermanarse que tenían los hombres de principio del siglo pasado, no hace tanto tiempo, cuando no existían ni internet ni teléfono móvil.

Es todo un acierto cómo termina el libro. Ballesteros lo cierra con la muerte del maestro Ignacio Sánchez Mejías y es el único capítulo comentado, lógicamente, por la voz del camarero que dice:

A duras penas iba leyendo Federico, ahogado por una llantina que no le dejaba hablar,
y a cada instante tenía que detenerse a dar un sorbo de agua y recuperar el aliento.
Al leer el verso: Y un muslo de asta desolada, la mayor parte de los presentes estábamos llorando en silencio, pero a lágrima viva.

Si en conjunto esta novela tiene una lectura muy interesante e instructiva, si tampoco le falta la amenidad aportada por las bromas, chistes y discusiones que se marcaban los tertulianos, la emoción aparece en el último capítulo al estar dedicado a la cogida y muerte de Ignacio Sánchez Mejías. Emilio Ballesteros, más que capítulo de novela, ha escrito un hermoso y largo poema en prosa; un “poema río” de cinco páginas, donde su mano se vacía y sus pensamientos y comentarios (perdón, los del camarero) se entrelazan con los versos magistrales del poema que Federico García Lorca escribiera al maestro fallecido. Versos como: A las cinco en punto de la tarde. Un muslo con el asta desolada. A lo lejos ya viene la gangrena. ¡Que no quiero verla! no necesitan explicación posible, ellos mismo encierran un mundo de dolor y magia poética.

Creo que es necesario leer esta novela por dos razones: porque está dedicada a unos hombres que formaron el otro Siglo de Oro español; y porque con ella, Emilio Ballesteros, ha revivido aquella forma saludable e inteligente que tenían los hombres del siglo pasado de intercambiar pensamiento y sabiduría. Lástima que ya no hablemos y que casi no existan café.

Ángela Reyes

Añadir comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *